Los Tamaleros Alimentan Nuestros Días y Sus Sueños

Rocío Gómez

Los Tamaleros Alimentan Nuestros Días y Sus Sueños
Ernesto, en una mañana de trabajo para Tamales Villa Frontera

En Sunset Park, los tamales y el arroz con leche se han convertido en un requisito casi diario para muchos de los residentes. Los vendedores de estas delicias mexicanas han hecho de sus recetas una parte fundamental de las mañanas del vecindario. ¿Quién hubiera pensado que este platillo mesoamericano se convertiría en un desayuno esencial en Nueva York?

La palabra tamal proviene del náhuatl "tamalli", que significa 'envuelto'. Los tamales, valorados por su movilidad, fueron un alimento básico para las culturas mesoamericanas entre el 8000 y el 5000 a.C., utilizados en festivales, ofrendas, viajes de caza y para alimentar a los ejércitos.

Hoy en día, su movilidad los convierte en un alimento popular para llevar en las calles de Nueva York. Cada mañana, los tamaleros viajan por la ciudad en tren, automóvil y autobús, instalándose en o cerca de las estaciones de metro para captar la afluencia de los trabajadores matutinos.

En Sunset Park, en la esquina de la Calle Treinta y Seis con la Cuarta Avenida, Abel, dueño de Tamales Poblano, instala su puesto todos los días desde las 5 a.m. hasta pasado el mediodía.

"Vine a trabajar en la calle y, sinceramente, encontré las raíces que buscaba", dice Abel, de 54 años, quien ha estado vendiendo tamales durante 18 años. Después de trabajar durante mucho tiempo en un restaurante, el estrés y la falta de libertad lo motivaron a buscar un cambio, encontrando en la venta callejera no solo su sustento, sino también una forma de emplear a otros.

A pesar de los inviernos fríos y los desafíos iniciales, Abel disfruta de su trabajo. "Al principio es difícil, pero con el tiempo y la experiencia uno sale adelante. Duermes, descansas y trabajas cuando quieres", afirma. Ser su propio jefe y contar con la seguridad de la comunidad le han permitido expandir su negocio.

"Prefiero comprar en la calle porque el sabor es más auténtico, sabe mejor", dice Jovani, un cliente fiel que compra en Tamales Poblano todos los días. "Es como una tradición".

A pocos metros de Tamales Poblano, Jacqueline, dueña de Tamales Martínez, instala su puesto diariamente entre las 6 y 7 a.m. hasta el mediodía. A pesar de llevar solo dos años en el negocio de los tamales, ha logrado estabilidad financiera y ha construido una clientela fiel.

"Me quedé sin trabajo y en la calle me ha ido mejor", dice. Su familia también opera en otras ubicaciones dentro del vecindario, en la Calle Cuarenta y Uno y en la esquina de la Calle Cuarenta y Cinco con la Quinta Avenida. Jacqueline destaca el sentido de comunidad y la libertad que le brinda su trabajo. "Antes trabajaba en un supermercado y nunca me daban permiso para nada".

Aunque la incertidumbre económica y política le preocupa, sigue teniendo esperanza en el futuro. "Se vale soñar", afirma.

En la Calle Cuarenta y Cinco con la Cuarta Avenida, Ernesto instala el puesto de Tamales Villa Frontera todas las mañanas de 6 a 11 a.m. Además de este trabajo, también se desempeña como electricista. "Tienes que querer hacerlo porque mucha gente empieza y se desanima", dice.

Su cliente habitual, George, dueño de la Barbería Tlaxcala Estilo, prefiere comprar localmente para apoyar a la comunidad. "Mucha gente le compra, a veces incluso mis clientes", dice George.

A pesar del clima adverso, los vendedores siguen adelante, ofreciendo sus tamales a los trabajadores matutinos. Como otros vendedores, Ernesto enfrenta la incertidumbre de los cambios políticos. "Todos los gobiernos hacen lo suyo, pero no pueden deshacerse de nosotros tan fácilmente", dice. "La comunidad nos respeta".