Un club donde el ejercicio fortalece amistades

Jie E.

Un club donde el ejercicio fortalece amistades
Ocho miembros posan con sus paletas después de jugar. Foto por Jie E.

En la sede de Sunset Park de la Zhao Qing Yun Fu Association of America (美国肇庆、云浮侨胞联合总会), ubicada en 738 58th St., las mesas de ping-pong se han convertido en espacios donde inmigrantes chinos hacen ejercicio, conviven y forman amistades. Los jugadores tienen distintos orígenes. Algunos vienen todos los días, y hay quienes juegan durante tres o cuatro horas seguidas. Para ellos, el tenis de mesa es más que un deporte; se ha vuelto una parte importante de la jubilación y una forma de mantenerse conectados con la comunidad.

Lu Cunjun, presidente de la asociación, dijo que el club lleva alrededor de una década en funcionamiento. Al principio, la sede solo contaba con unas cuantas mesas para actividades recreativas. A medida que más miembros se sumaron, el tenis de mesa se convirtió en una actividad diaria. Actualmente, el club cuenta con unos 40 miembros que participan con regularidad. La mayoría tiene entre 40 años y la edad de jubilación.

El club abre casi todos los días. Alrededor de las 9 de la mañana ya empieza a llegar gente y no hay una hora fija de cierre. “Algunas personas vienen por la noche después del trabajo y siguen jugando hasta la una o las dos, incluso hasta las dos o tres de la mañana”, dijo Lu. “Para algunos jubilados, este lugar es una parte fija de su vida diaria”.

“Aquí todos se tratan de corazón, como una familia”, dijo Lu. La asociación también organiza viajes, visitas a familiares y celebraciones que les dan a sus miembros más oportunidades de convivir. En su opinión, el ping-pong pasó de ser una sencilla actividad recreativa a una forma de conectar a la comunidad.

El Sr. Guo, quien se integró al club después de la pandemia, dijo que ya había jugado ping-pong en China antes de llegar a Estados Unidos. Un amigo de la comunidad le habló del club. “La gente se divierte mucho jugando aquí”, dijo. “Podemos ejercitarnos y hacer amigos”.

Los demás jugadores bromean diciendo que el Sr. Lin viene al club 364 días al año. Él dijo que lo más importante no es competir por resultados, sino “hacer ejercicio y pasarla bien”. Después de jubilarse, convirtió el ejercicio y la convivencia con sus amigos en parte de su rutina. Explicó que muchos inmigrantes chinos pueden terminar encerrados en círculos sociales muy reducidos si no buscan actividades recreativas después de llegar a Estados Unidos. Espacios comunitarios como este les permiten conocer gente, mantener una vida social y seguir activos.

Lin también subrayó la importancia de hacer ejercicio todos los días. A medida que una persona envejece, dijo, su salud puede deteriorarse rápidamente. “La condición física se mantiene con ejercicio constante”, explicó. “Si dejas de moverte, pierdes fuerza rápidamente. Pero si haces un poco todos los días, puedes mantenerte en forma”. Añadió que cada persona debe conocer sus límites y elegir actividades que estén dentro de sus posibilidades físicas. Él practicó distintos deportes cuando era joven y, aunque ya tiene más de 70 años, todavía puede practicar un deporte de intensidad moderada como el tenis de mesa.

Otro integrante activo, el Sr. Li, dijo que antes hacía muy poco ejercicio. Desde que comenzó a jugar en el club, ha notado cambios claros en su estado físico y mental. “Ejercita el cuerpo, la mente, las manos, los pies y los reflejos”, dijo. Antes necesitaba hacerse revisiones médicas varias veces al año, agregó, pero ahora, aparte de sus exámenes de rutina, rara vez tiene que ir al médico por enfermedad. Li suele jugar durante tres o cuatro horas y va siempre que tiene tiempo. Al mediodía, sale a comer a la Octava Avenida con un grupo de compañeros. Convivir durante tantas horas ha creado mucha confianza y entendimiento entre los miembros. “Aquí todos son muy buenas personas”, dijo.

Durante un partido de dobles ese día, el ambiente era relajado y animado. Incluso cuando un equipo iba perdiendo, compañeros y contrincantes gritaban: “¡No se rindan!”. Una buena jugada provocaba gritos de “¡Buen punto!” entre quienes observaban cerca de la mesa. Cuando alguien mostraba una mejoría clara, los demás lo elogiaban y animaban enseguida. Hubo ganadores y perdedores, pero los aplausos y las risas nunca pararon. Más que el resultado, lo que daba calidez al lugar era la amistad entre los jugadores y la forma en que se apoyaban unos a otros.