Una novela parte de la esperanza revolucionaria para imaginar un mundo cooperativo

Eleanor J. Bader

Una novela parte de la esperanza revolucionaria para imaginar un mundo cooperativo
La portada de Grito 2048, el tercer libro de Arrastia. Imagen de portada cortesía de la autora.

Cuando Maritza Arrastia, nacida en Cuba, tenía 12 años, asistió a una celebración política que marcaba el fin del régimen dictatorial de Fulgencio Batista en la isla. Describe aquel día como “lleno de euforia” y dice que unirse a miles de personas para celebrar la derrota del odiado régimen fue una “experiencia emocionante”.

Grito 2048, la novela futurista publicada recientemente por Arrastia, recoge la alegría que sintió aquel día. Esta vez, sin embargo, imagina victorias sobre la opresión en todos los rincones del mundo.

Es una descripción vívida del surgimiento de una sociedad nueva, respetuosa con el medioambiente y humana. Además, después de décadas de organización, la novela presenta a la mayoría de la población mundial unida para enfrentar la codicia que durante tanto tiempo ha dominado los sistemas de gobierno capitalistas, colonialistas e imperialistas. Las personas también han cambiado: se han convertido en “supercooperadores” en vez de competidores y se han comprometido a valorar la sostenibilidad, la paz y la justicia social.

En el centro del libro está Marina, cuya búsqueda de su hijo Maceo, de 18 años, y de su esposo, Ori, ambos desaparecidos, impulsa la historia. Se cree que están escondidos o languidecen en prisión debido a sus esfuerzos por oponerse a los políticos antiecológicos que idolatran el dinero, a quienes planean derrotar.

A medida que se intensifica la búsqueda de sus seres queridos, la novela explora temas que incluyen la fuerza que brinda la amistad entre mujeres, la fidelidad matrimonial y lo que significa ser una buena madre — o una madre lo suficientemente buena. La muerte, la espiritualidad y el poder sanador de la naturaleza también están entretejidos en el texto. Asimismo, Grito 2048 examina el equilibrio entre la realización personal y la responsabilidad colectiva.

Es una combinación evocadora, compleja y potente.

Grito 2048 es el tercer libro de Arrastia. El primero, EXILE, fue publicado en 1991, y el segundo, Tripartita, escrito en coautoría con otras dos personas, salió en 1997. Arrastia pasó más de una década escribiendo y revisando su novela más reciente.

Y aunque dice que ha escrito de manera constante desde que se mudó a Estados Unidos con su familia en 1961, su vida personal y profesional ha dado numerosos giros. Primero estuvieron los retos de la emigración y la asimilación mientras se adaptaba a un nuevo hogar en la ciudad de Nueva York. Fue también una época efervescente y, durante su adolescencia, Arrastia se involucró en el movimiento por los derechos civiles.

“Unos años después, al terminar la universidad, me uní al Partido Socialista Puertorriqueño (PSP)”, contó al Post. Con esa decisión honraba la herencia borinqueña de su madre, y poco después Arrastia consiguió trabajo como reportera en Claridad, el periódico del PSP. “En algún momento durante mi etapa en Claridad, fui a Puerto Rico para una conferencia y conocí a una periodista extranjera que tenía previsto reunirse con el ministro de Salud. La reunión era sobre las prácticas de esterilización en la isla y fui con ella para servirle de intérprete. Terminé escribiendo un artículo extenso sobre los abusos relacionados con la esterilización y posteriormente escribí mucho sobre este tema”, dice.

Después de tener a su primer hijo en 1977, Arrastia dejó Claridad. Más tarde trabajó en North Star Fund, una fundación progresista de la ciudad de Nueva York, y luego se convirtió en directora de publicaciones del National Lawyers Guild. Permaneció allí hasta el nacimiento de su segundo hijo en 1981 y después aceptó un trabajo en el American Reading Council, donde desarrolló planes de estudio basados en las teorías del educador brasileño Paulo Freire.

Desde entonces, ha seguido siendo educadora y nunca ha dejado de escribir.

“Al escribir Grito, quería captar lo que sentí durante el triunfo de la Revolución cubana”, dice. “Imaginé cómo sería si el capitalismo fuera derrotado en todas partes del mundo, algo que sé que actualmente es una fantasía política”.

Sin embargo, cree que el cambio social progresista no solo es posible, sino inevitable.

“Miren las redes de ayuda mutua que se han desarrollado durante los últimos años”, dice. “Esto está ocurriendo dentro del capitalismo”.

“La historia suele sorprendernos”, continúa. “Pocos de nosotros anticipamos el movimiento Occupy. Eso me enseñó que el poder popular se manifiesta de maneras misteriosas. Siempre están sucediendo cosas que no podemos ver. Quería que Grito recordara a los lectores que, incluso cuando estamos desanimados o abrumados, tenemos el poder de encontrar la manera de resolver las cosas. Podemos rehacer el mundo”.