Jabón de hojas de castaño de Indias

Gregg Stankewicz

Jabón de hojas de castaño de Indias
Las grandes y distintivas hojas del castaño de Indias. Foto por Gregg Stankewicz

Tomamos el ferry a Governors Island para ver la final del Mundial. A pesar de que había bastante gente, no había mucho ruido, y el “campo de desfiles”, donde habían instalado la pantalla para ver el partido, estaba lleno de libélulas de colores vivos, del tamaño de una mano, que se mantenían suspendidas o pasaban velozmente de un lado a otro. Probablemente sea bastante común ver libélulas en la ciudad de Nueva York en esta época del año, pero en la vida cotidiana de Brooklyn no tenemos muchas oportunidades de verlas. Como me ocurre con las luciérnagas y los murciélagos, siento que las libélulas son una especie de celebridad en la ciudad. Hablando de luciérnagas y murciélagos, una noche de principios de julio vimos tanto luciérnagas como murciélagos justo al lado del área de juegos de Sunset Park. Qué época del año: los insectos, los murciélagos, los pájaros, la gente, las plantas — todo está en pleno apogeo; un alboroto de calor, hojas, alas y patas, peludas o no. Las plantas se trepan unas sobre otras para alcanzar el sol. Vi la vegetación del cementerio de Green-Wood extenderse ambiciosamente a través de la cerca, por encima de las escaleras de la entrada del metro de la calle 36. Las hormigas trabajan con todas sus fuerzas para ampliar su territorio e incluir nuestra cocina.

Esta es también la época del año en que la producción de frutos comienza a alcanzar su punto máximo. Este mes no escribo sobre plantas comestibles, pero en agosto, cuando camines por el vecindario, fíjate si encuentras cerezas negras silvestres sumamente ácidas pero deliciosas, frutos del cornejo kousa con aspecto tropical, cerezas cornalinas, bayas de aronia y, seguramente, muchas otras cosas que yo no conozco.

La idea para el artículo de este mes comenzó durante un viaje de campamento con familiares y amigos a principios de julio. Cuando acampo, con frecuencia termino sudado, pegajoso y cubierto de tierra después de hacer alguna tarea o simplemente preparar la cena. No siempre tenemos acceso a duchas, y no me entusiasma el efecto que puede tener en el entorno natural enjabonarme en un arroyo o hasta en un lecho de hojas. Así que, cuando volvimos del viaje, me puse a buscar en internet plantas con las que se pudiera hacer jabón. Hay muchas. Varias son tan conocidas por servir para hacer jabón que tienen nombres en inglés como soapnut, soapwort, soapberry y soapbark. Ya te haces una idea. No sabía dónde conseguir fácilmente ninguna de esas plantas, así que seguí buscando. Me encontré con una publicación sobre el castaño de Indias como fuente de saponinas. Apenas he comenzado a explorar las posibilidades de hacer jabón por mi cuenta, pero, por lo que he aprendido hasta ahora, las saponinas son un tipo de surfactante, un componente del jabón que reduce la tensión superficial del agua y puede ayudar a eliminar la grasa y la suciedad. En el cementerio de Green-Wood prosperan muchos castaños de Indias de gran tamaño.

Las castañas de Indias suelen recogerse cuando están maduras; luego se les quita la cáscara, se cortan en trozos y se calientan en agua para liberar sus saponinas. Las castañas aún no están listas en esta época del año, pero las hojas también contienen saponinas. En un paseo por Green-Wood, nos ofrecimos a podar un puñado de hojas y ramitas de algunas de las ramas más bajas de los castaños de Indias, que amenazaban con rozar los ojos y los sombreros de quienes caminaban por el cementerio. Siguiendo sugerencias que habíamos recogido de varias fuentes en internet, llevamos las hojas a casa y las picamos. Pusimos unas 2 tazas de hojas picadas y 2 tazas de agua en una olla, y las calentamos a fuego lento durante unos 20 minutos. Después retiramos la olla del fuego y dejamos que se enfriara. Exprimimos las hojas mojadas para recoger el líquido en un tazón. Podía sentir entre los dedos la textura resbaladiza que uno esperaría de un jabón, pero el líquido no era tan viscoso como esperaba. Probé un método ligeramente distinto con algunas hojas que no había cocinado: simplemente las machaqué y, después de mojarlas, las froté contra mi piel. Machacarlas y frotarlas parecía liberar mejor las saponinas. Creo que, si volviera a intentarlo, machacaría y trituraría las hojas antes de calentarlas y exprimirles el líquido. De todos modos, fue un experimento interesante, y me gustaría leer más sobre las prácticas tradicionales de elaboración de jabón antes de volver a intentarlo algún día con las propias castañas de Indias.

Advertencia: las castañas de Indias, al igual que las demás partes del árbol, son venenosas si se ingieren.

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