Ella se arrastra, escala, deslumbra y no se va

Robin Kilmer

Ella se arrastra, escala, deslumbra y no se va
Enredadera de Virginia con bayas en otoño. Foto de Gardeners Path

Has visto esta enredadera por todas partes. En primavera y verano probablemente para muchas personas es solo una más de tantas cosas verdes sin nombre que se aferran a los muros. Esta trepa hasta lo alto de los edificios y a menudo cubre el suelo en zonas que no reciben la mano humana, como el lote abandonado de siempre o el edificio descuidado al que han dejado caer en el abandono. Su crecimiento es tan implacable que parece tener una misión, ¿está esta planta intentando por sí sola devolverle lo silvestre a cada pared de la ciudad de Nueva York? Pero cuando llega el otoño la enredadera es una bestia distinta: ya no es verde, es una boa fucsia que engalana esos muros grises de concreto. Algunos muros lucen una sola boa, otros están tapizados de ellas.

Digamos que pasas junto a la enredadera en verano. Ves que es una enredadera y sabes lo suficiente de plantas como para reconocer que no es hiedra inglesa, así que tu siguiente suposición es la otra planta trepadora de la que has oído hablar: la hiedra venenosa. No serías la única persona en cometer este error, porque es muy común y yo también lo he cometido. Pero la dama glamorosa que adorna nuestros muros y reclama territorio es la enredadera de Virginia. En inglés la llaman Virginia creeper; creeper también puede significar un tipo raro que acecha a otras personas. Se llama así no por ningún parecido con el tipo de hombre que seguiría a unas adolescentes desde la parada del autobús, ni porque escala muros a escondidas, sino porque se arrastra sigilosamente por el suelo, extendiendo sus tentáculos de enredadera. Podría haberse llamado con facilidad la trepadora de Virginia, porque es muy buena trepando gracias a los discos adhesivos que se encuentran en los zarcillos que brotan del tallo de la planta. O habría bastado con belleza de Virginia. Pero las decisiones tomadas hace mucho tiempo no se deshacen tan fácilmente.

Su nombre científico es Parthenocissus quinquefolia. Parthenocissus al parecer significa virgen, tema en el que no quiero ahondar, aunque sí me hace preguntarme por los botánicos que bautizaron esta planta. Quinquefolia es una descripción objetiva muy incuestionable de sus hojas palmadamente compuestas, con cinco folíolos de bordes elegantemente aserrados. La hiedra venenosa, en cambio, tiene hojas de tres. Según una investigación rápida (entrando a Wikipedia), el nombre ojibwe de la enredadera de Virginia es mnidoo-biimaakwad bebaamooded y en lengua mohawk se llamaba kontiráthens.

Otra diferencia entre la hiedra venenosa y la enredadera de Virginia son las bayas. Las bayas de la hiedra venenosa son de un blanco sucio de taza de baño. Las de la enredadera de Virginia son de un azul medianoche aterciopelado, como el cielo nocturno cuando vas de campamento, pero sin estrellas. En contraste con los racimos caídos y mustios de bayas de la hiedra venenosa, la enredadera de Virginia ofrece sus frutos en la punta de pequeños tallos magenta. Para las aves, esas bayas deben parecer malvaviscos en la punta de un palo; son un alimento básico de invierno para muchas de ellas. La generosidad de la enredadera de Virginia no se extiende a los humanos. Nos mantiene alejados de sus bayas haciéndolas tóxicas y posiblemente mortales para nosotros.

Además de crecer sobre muros y extenderse por el suelo en nuestros terrenos abandonados y edificios descuidados, la enredadera de Virginia también se ha vuelto parte del hábitat en Bush Terminal, donde ha reclamado las verjas como un bien inmobiliario de primera. También se la puede encontrar tomando el sol sobre las rocas del espigón.

Cuando apareció en un huerto comunitario allí, brotando a la sombra de un saúco, decidí dejarla donde estaba. Al fin y al cabo, el huerto necesitaba cobertura vegetal. Planeaba moverla junto a una verja más adelante en la temporada. Pero así como esta enredadera se aferra a los muros y a las rocas, aprendí que también se aferra a su lugar en la tierra. Más tarde cavé alrededor de la joven planta enclenque solo para descubrir que había pasado el verano echando raíces hacia abajo en lugar de crecer mucho por encima del suelo. Tenía varias raíces que se extendían en distintas direcciones. Agrandé el hoyo para buscar su final y aflojar su agarre en la tierra, pero la enredadera de Virginia mantuvo su posición. Sus raíces no tenían un final que yo pudiera encontrar sin desenterrar todo el huerto, o al menos así parecía. La enredadera de Virginia se quedó donde se había plantado.