Una gran pelea fuera del cuadrilátero

Raúl Mizhquiri sabe una cosa o dos sobre peleas.
En una noche de viernes, boxeadores de todas las edades y trasfondos entrenan en el Raul’s Boxing House Club, en la Octava Avenida en Sunset Park. Entre el rítmico sonido de los golpes contra los sacos de boxeo se palpa un ambiente de mucho trabajo, de familiaridad, como en una reunión de amistades. Algunos solo buscan un buen entrenamiento; otros aspiran a convertirse en boxeadores profesionales.
Desde el año 2020, sus peleadores han competido a nivel nacional e internacional, acumulando varios reconocimientos. ¿Cómo logra abrirse camino en el mundo del boxeo un entrenador autodidacta sin experiencia dentro del cuadrilátero?
No es tan común, pero no ha sido la primera vez.
Enzo Calzaghe, padre del invicto Joe Calzaghe, fue nombrado Entrenador del Año por Ring Magazine y la Boxing Writers Association of America en 2007, a pesar de no tener récord como peleador. Angelo Dundee, con experiencia amateur limitada, entrenó a 15 campeones mundiales, incluyendo a Muhammad Ali. Ray Arcel, quien, según se dice, nunca peleó profesionalmente, entrenó a más de 20 campeones mundiales.
La falta de un récord dentro del ring fue superada por su trayectoria fuera de él, a lo largo de 20 años construyendo, de lucha a lucha, lo que hoy es un gimnasio de boxeo enraizado en el corazón de Sunset Park.
“Miro atrás, ves, y todavía no sé cómo lo hice”, dijo Mizhquiri, de 47 años, desde su gimnasio, entre sesiones de sparring. “No sé cómo lo hice.”
Una semilla fue plantada
Todo comenzó hace 20 años, después de la llegada de Mizhquiri desde su nativo Ecuador. Un entrenador en Manhattan sembró la semilla del boxeo; pero después de un año de entrenamiento, ese entrenador desapareció.
Aun así, el Mizhquiri de 17 años quedó impresionado por algunas de las habilidades que tenía, como la capacidad de saber si un buen golpe 1-2 había sido efectivo solo con escucharlo.
Más adelante, continuó entrenando y encontró a otro entrenador, quien lo puso a hacer sparring en la primera semana con el nuevo entrenador.
“Y me dieron una chinga. Me dieron bien duro”, contó Mizhquiri entre risas. “Recuerdo que esa vez estaba sangrando y fui al entrenador y le dije: ‘Oye, estoy sangrando’. Y él me dijo: ‘¿Qué quieres que haga? ¿Quieres que pare el pinche sparring? ¡Acaba el pinche round!’”
Fue ahí donde se dio cuenta de que estaba en el lugar correcto, en el camino correcto.
Pero la vida se interpuso en su camino boxístico. Se casó, abrió un restaurante, se divorció, abrió otro restaurante y se volvió a casar.
Hizo una pausa a su carrera de boxeo, pero el boxeo siempre estuvo en el fondo de su mente. En casa golpeaba un saco, o entrenaba a sus hijos. En más de una ocasión, incluso, su esposa lo alentaba a explorar el boxeo.
“Esto no es para ti”
Trabajando en una compañía de taxis, Mizhquiri conoció a quien se convertiría en su primer alumno, tras ver un video del boxeador haciendo sparring. Él dio consejos, y fue tanto el entusiasmo que el joven le pidió a Mizhquiri que le entrenara, y que incluso le pagaría una membresía de gimnasio para tener donde entrenarle.
Mizhquiri cuenta que “ya me había reconectado otra vez. Yo ya me reconecté con el deporte.”
Ese primer alumno dejó de entrenar a los pocos meses, pero otros se sumaron a las sesiones de entrenamiento. Tener a varios alumnos bajo su tutela hizo que Mizhquiri considerara solicitar una licencia de boxeo ante la Comisión de Boxeo. Preguntó a otros entrenadores del gimnasio, pero la respuesta fue inmediata.
“Esto no es para ti”, le dijo uno de ellos, “porque nadie te va a respetar, porque tú no fuiste peleador.”
Boxeo en un sótano
Poco después, durante el 2017, el dueño del gimnasio le pidió a Mizhquiri que se uniera a su equipo. Al no estar interesado, el dueño le pidió que abandonara el gimnasio.
Este revés lo llevó a montar un espacio de entrenamiento improvisado en el sótano del edificio donde vivía.
Durante cerca de tres años, el sótano fue el lugar donde aspirantes a boxeadores entrenaban con Mizhquiri después de que éste terminaba su jornada laboral. El gimnasio creció poco a poco: un entrenador le regaló un saco. Otras herramientas y materiales fueron rescatados. Por las noches, entrenaba a cualquiera que estuviera dispuesto a trabajar duro, y otros comenzaron a unirse a las sesiones nocturnas.
Las cosas iban bien hasta que el dueño del edificio le pidió que desalojara el sótano. Esto llevó a la mudanza al nuevo Raul’s Boxing House Club en septiembre de 2019.
Nada más que sueños
Por lo general, en los gimnasios de boxeo los entrenadores exhiben sus triunfos con trofeos, medallas, cinturones de campeonatos o fotografías. En parte, así es como establecen sus credenciales. Personas llegaban al nuevo gimnasio buscando entrenamiento, pero para 2019 Mizhquiri aún no tenía victorias importantes en su historial.
“No tenía nada. No tenía ni un cuadro en mi pared”, contó Mizhquiri entre risas. “No tenía nada. Yo creo que tenía puro sueño.”
Para colmo de males, en marzo de 2020, seis meses después de abrir el nuevo gimnasio, la pandemia de COVID-19 llevó a la Ciudad a cerrar las actividades en interiores, incluyendo todos los gimnasios.
De alguna manera, Mizhquiri logró entrenar a algunos boxeadores, quienes encontraron su gimnasio mientras buscaban dónde entrenar durante el cierre. En ese tiempo, revisó y ajustó sus métodos.
“Trabajé tan fuerte esos dos años que en esos dos años hice cuatro peleadores”, compartió Mizhquiri.
De esos cuatro, dos compitieron en una cartelera de boxeo en Long Island en 2021, cuando las actividades bajo techo volvieron a permitirse en Nueva York. Ganaron. Fue el primer gran logro de Mizhquiri en el circuito.
Madison Square Garden, se completa un ciclo
Un año después, Mizhquiri continuaba siendo un entrenador desconocido dentro del circuito de boxeo de Nueva York. Ese año, el esfuerzo de los previos años cambiaría todo: dos de sus peleadores compitieron en el primer torneo Ring Masters (antes conocido como Golden Gloves) tras la apertura de los gimnasios en 2022.
Organizados por USA Boxing Metro, estos torneos requieren que boxeadores amateurs avancen a través de una serie de combates hasta llegar a una final en el Madison Square Garden.
La experiencia fue “muy especial, se podría decir muy extraordinaria”, compartió Estuardo Rodríguez, en ese entonces residente de Sunset Park, quien enfrentó a Daniel Wilkins, de Staten Island, en la final.
En la esquina contraria, el entrenador de Wilkins durante la final de Ring Masters en 2022 fue el mismo que años atrás le dijo a Mizhquiri: “Esto no es para ti.”
Casi 10 años después de escuchar esas palabras, Mizhquiri demostró que el boxeo sí era para él. Rodríguez perdió la final por decisión dividida, pero fue una ocasión trascendental tanto para él como para el Raul’s Boxing House Club, que a partir de ese momento comenzó a consolidar su nombre en el mundo del boxeo.