El robo en la Octava Avenida expone una “cultura del silencio”

Un salón de masajes chino en Sunset Park fue asaltado a punta de cuchillo en la madrugada por tres sospechosos. Cerca de ocho empleados y clientes quedaron atrapados dentro durante aproximadamente media hora. Los sospechosos golpearon y patearon a las víctimas y las amenazaron, obligándolas a entregar dinero y objetos de valor del local y de sus pertenencias personales.
Pero el caso resalta más que los riesgos de seguridad que conlleva un negocio abierto las 24 horas. También refleja un problema más profundo y persistente entre algunos comercios de dueños chinos: el miedo a llamar a la policía y el miedo a la atención pública. Si esta “cultura del silencio” continúa, el costo no lo pagarán solo los negocios individuales, sino la comunidad en general.
Una noche aterradora en el salón de masajes
Alrededor de las 3 a.m. del 30 de noviembre, tres sospechosos altos, con gorra y haciéndose pasar por clientes, entraron a un salón de masajes chino en la Octava Avenida. Una mujer china que trabajaba allí fue la primera en atenderlos. Cuando se dio la vuelta para guiar al grupo hacia los cuartos del fondo, uno de los sospechosos sacó de repente un cuchillo y se lo puso en el cuello mientras le tiraba del cabello con fuerza. Un empleado varón que se acercó al mostrador para ver qué estaba pasando también fue sometido de manera similar por otro sospechoso.
Luego, los sospechosos obligaron a los dos empleados a ir hacia la parte trasera del local, ordenaron que todos los presentes se acostaran boca abajo en el piso y registraron a empleados y clientes, llevándose efectivo, joyas, abrigos y otros objetos de valor. Una empleada recordó después que, incluso cuando la gente ya había entregado todo lo que tenía, los sospechosos insistían en que estaban ocultando más, seguían gritando amenazas y continuaban golpeando y pateándolos.
Dijo que algunos empleados no entendían inglés y no podían seguir las órdenes de los sospechosos con la suficiente rapidez, lo que provocó más golpes. “Vi que a mi compañero lo golpeaban una y otra vez porque no entendía”, dijo. “Levanté la cabeza para responder por él y entonces me dieron una patada”.
Además de robar objetos de valor, los sospechosos revolvieron el local, buscando cualquier cosa que valiera dinero, y no se fueron de inmediato después del primer botín. Varias partes del salón quedaron gravemente dañadas. En total, las pérdidas sumaron por lo menos decenas de miles de dólares.
El silencio alimenta el crimen
Robos violentos como este, cometidos al entrar a un negocio, no son poco comunes en Sunset Park, aunque eran más frecuentes antes de la pandemia de COVID-19. Lo que hizo que este caso destacara en los reportes policiales fue lo descarado: los sospechosos controlaron la escena y mantuvieron a todos dentro del local, y solo se fueron después de creer que ya no quedaba nada más por llevarse.
Destaco lo extremo de este caso no solo por la violencia en sí, sino porque sugiere que puede haber otras víctimas en la comunidad cuyos casos nunca se denunciaron ni quedaron registrados. Como reportero comunitario, a menudo escucho a residentes quejarse: “A mi tienda la asaltaron”. Cuando les pregunto: “¿Llamaste a la policía?”, la respuesta automática suele ser: “No sirve de nada. La policía no puede hacer nada”. Algunos enfrentan barreras de idioma. A otros les parece demasiada molestia. Al final, muchos deciden no seguir adelante.
Reportar esta historia no estuvo exento de desafíos. Cuando un empleado se enteró de que periodistas querían entrevistar a las víctimas, se puso a la defensiva de inmediato: “¿Por qué hacerlo público? Los clientes no van a venir”.
En la sociedad en general, buscar ayuda después de ser víctima se considera algo natural. Pero entre algunos comercios de dueños chinos, hechos como este suelen venir acompañados de muchas preocupaciones: temor a que la exposición perjudique el negocio, miedo a que la comunidad o los clientes les pongan una etiqueta negativa. Lo que muchos no advierten es que ese silencio puede volverlos un blanco más atractivo y llamar la atención de delincuentes.
Si ni siquiera un caso tan grave logra provocar la atención que la comunidad y la policía deberían darle, en la superficie puede parecer que todo está tranquilo, mientras las condiciones para el delito crecen silenciosamente. La policía tiene menos incentivos para aumentar patrullajes y hacer cumplir la ley. Los delincuentes pueden llegar a creer que la comunidad sigue siendo “fácil”, y crímenes similares se repiten. El ciclo continúa.
Los comercios de dueños chinos necesitan cambiar su manera de pensar. Después de ser víctimas, deberían alzar la voz con valentía por sus derechos, en lugar de guardar silencio por miedo a la exposición o por evitarse problemas. Solo así la comunidad podrá romper el ciclo, para que el silencio no habilite el crimen y para que se garantice un entorno más seguro para todos.
Si tiene información sobre los sospechosos, puede reportarla de forma anónima a NYPD Crime Stoppers (en español) al 1-888-57-PISTA (74782).