Tres claves para enseñar a los niños a usar la IA con responsabilidad

“¡¿Qué?! ¡Es Dav Pilkey, no David Pickle!”, exclama un gran admirador del autor de la serie Dog Man durante una clase de alfabetización mediática que imparto a estudiantes de quinto grado en Sunset Park. “¡Y no es canadiense! ¡Es estadounidense!”, continúa el alumno, incrédulo. Acababa de mostrar una publicación de Instagram intencionalmente repleta de errores sobre las populares novelas gráficas de Pilkey. El objetivo de la lección era enseñar a mis alumnos a no depender de la memoria o de rumores para confirmar datos, sino a buscar fuentes primarias (personas o documentos con conocimiento o experiencia directa de un hecho) y fuentes secundarias (como periódicos de amplia circulación, revistas, libros y revistas académicas) para verificar el contenido.
Antes de que pudiera continuar con la lección, otro alumno intervino de inmediato: “¡Consúltalo con ChatGPT!”. Es una instrucción que mis estudiantes repiten con frecuencia, junto con “¡Búscalo en Google!”. Es la oportunidad perfecta para mostrarles los límites de la inteligencia artificial. Pero las razones para limitarla no se reducen a la información falsa o errónea.
Limitar nuestro uso de chatbots como ChatGPT o Claude también es bueno para el medioambiente y nuestro bienestar. Los centros de datos necesarios para operarlos consumen cantidades colosales de electricidad — suficientes para abastecer ciudades grandes —, aumentan nuestra huella de carbono, perjudican la calidad del aire y la salud pública, y agotan millones de galones de agua dulce cada día.
ChatGPT cuenta ahora con más de 900 millones de usuarios activos semanales en todo el mundo. Sin embargo, a medida que crece la dependencia de la IA, no todos saben usarla responsablemente, especialmente los niños, aunque también los padres.
A pesar de mis muchas dudas y preocupaciones sobre el lado oscuro de la IA, es fundamental que los estudiantes aprendan a usarla con prudencia, de manera eficaz y, por supuesto, con moderación.
En el programa de redes sociales que dirijo en Sunset Park, utilizo un acrónimo fácil de recordar, B.A.M., para ayudar a mis alumnos a usar responsablemente las herramientas de IA conversacional.
Antes de que tus hijos empiecen a recurrir a los chatbots en busca de conocimiento, puedes compartir con ellos estos tres consejos para evitar que se les llene la cabeza de falsedades:
Brinda instrucciones muy específicas: En lugar de preguntar “¿Qué es el arte pop?”, lo que producirá una gran cantidad de información sin fuentes, pregunta: “¿Puedes encontrar un artículo breve de una universidad o un museo que explique qué es el arte pop?”. Así es más probable que obtengas información precisa con referencias de calidad.
Analiza la calidad de tus fuentes: Cuando la IA genere una respuesta, presta mucha atención a las fuentes que acompañan cada dato. Asegúrate de que las referencias sean confiables, como periódicos y revistas establecidos, publicaciones académicas revisadas por pares o libros. Los artículos en sitios web de museos o universidades también pueden ser buenas fuentes secundarias si su autor escribe dentro de su campo de especialización académica. Si no reconoces un enlace y no tienes tiempo para investigar su legitimidad, no uses la información que provenga de él. Formula una nueva consulta y pide mejores referencias para verificar los datos que deseas utilizar.
Mira siempre los enlaces adjuntos: Los chatbots suelen generar datos y citas erróneos y luego vincularlos a una fuente reconocida para que parezcan válidos. Es importante comparar los datos generados con los enlaces proporcionados, porque a menudo la información no aparece allí. Si no encuentras la cita o los datos en la fuente citada, no los uses.
Pero es mejor evitar todos estos posibles tropiezos — que tienen un costo terrible para nuestro planeta (¡y nuestros cerebros!) — y abrir un libro.