Un olmo americano más antiguo que el parque aún vela por el vecindario

La matriarca de Sunset Park es imposible de pasar por alto. En verano es una gigantesca nube cúmulo verde recostada sobre la ladera. En invierno, sus ramas desnudas y retorcidas, entrelazadas unas con otras, parecen el mapa de un delta fluvial contra el cielo gris. A comienzos de la primavera, sus ramas adquieren un brillo rojizo cuando les da la luz del sol. Eso se debe a que sus diminutas flores rojas se abren incluso antes de que broten las hojas, ofreciendo un alimento esencial para los polinizadores al comienzo de la temporada.
Sus ramas también tienen ofrendas para los seres humanos. Descansamos bajo ellas y ponemos a los bebés bajo su sombra en los días calurosos. Ellos parecen quedarse contentos estudiando la masa de madera, agua, celulosa y clorofila que tienen encima. Sus ramas han sostenido a niños que rebotaban sobre ellas, cuya exuberancia hacía estremecer todo su ser hasta hace poco, cuando le cortaron las ramas más grandes. Conocida por muchos como el Árbol Abuela, es un Ulmus americana, o un olmo americano.
Es un hito del paisaje tanto como la Estatua de la Libertad, y posiblemente tenga la misma edad. Eymund Diegel, experto local en los cuerpos de agua dulce perdidos y ocultos de Brooklyn e historiador de la topografía de Sunset Park, cree que el árbol germinó alrededor de 1876, 10 años antes de que se inaugurara la Estatua de la Libertad, en un terreno que había sido una finca y, antes de eso, un bosque primigenio. Originaria de esta zona, quizá su propia abuela formó parte de un bosque en una ladera con vista al puerto de Nueva York. Tal vez todas contemplaban juntas la puesta del sol.
Hoy en día no es común ver un olmo americano. El Árbol Abuela y algunos otros cercanos son sobrevivientes. Por alguna razón, esquivaron la enfermedad holandesa del olmo que acabó con tantos olmos en todo el país durante el siglo pasado.
En cualquier caso, el Árbol Abuela ya crecía en el parque antes de que existiera el parque. Habría visto muchos de los arroyos y estanques de agua dulce que fueron cubiertos con relleno cuando se excavaron los túneles del metro. Según Diegel, había un pequeño valle abierto por un arroyo que corría junto al campo de fútbol, desde el asta de la bandera hasta el área de juegos, donde desembocaba en un estanque. Otros arroyos serpenteaban cerca y quizá le hacían cosquillas en las raíces, pero esos también fueron enterrados.
Desde su punto de vista, probablemente vio cómo las marismas de la costa fueron cubiertas, borradas por ese mismo relleno y transformadas en Bush Terminal, que arrojó cantidades incalculables de desechos donde el pueblo lenape alguna vez se metía al agua para sacar ostras para la cena.
Vio a la gente que trabajaba en las fábricas de la costa volver a sus brownstones y cooperativas, y quizá sentarse bajo ella para encontrar un respiro. Al otro lado del agua, en la base de la Estatua de la Libertad, se leía: “Dadme a vuestros cansados, a vuestros pobres, a vuestras masas apiñadas que anhelan respirar en libertad”.
Bajo un árbol como el Árbol Abuela, los cansados y los pobres realmente podían respirar aire fresco.
Ella también da descanso a otros. El día del equinoccio de primavera, un halcón de cola roja bajó en picada y se posó en una de sus ramas después de intentar, sin lograrlo, atrapar unas ardillas que probablemente llaman hogar al árbol. Si tienes suerte, como la tuvimos mi familia y yo durante un picnic el año pasado, puede que veas llegar desde el puerto a un águila calva con un pez entre las garras y luego encuentres un asiento bajo el Árbol Abuela.
Pero como olmo, la matriarca de Sunset Park es mucho más que un asiento y una bella vista. Los olmos, en general, han sido venerados en todo el mundo. En algunas culturas se les veía como protectores. Otras creían que sus raíces estaban conectadas con reinos invisibles. Los olmos americanos han sido utilizados por pueblos indígenas de Norteamérica como lugares de reunión importantes. Como otros árboles, su poder más importante para la fauna del mundo es que aprovechan la energía del sol y nos dan alimento y aliento.
¿Será por eso que los bebés miran los árboles con tanta atención desde su lugar sobre la manta de picnic? ¿Será porque, al haber salido hace poco del vientre, todavía no han olvidado a los viejos dioses? No podemos ver que eso ocurra, pero el Árbol Abuela acaricia a esos bebés con rayos de sol filtrados y espera que suficientes de ellos recuerden: Sin mí, ustedes no estarían aquí.