Madre de tres comparte su experiencia en el regreso a clases

Naryia Alekseeva

Madre de tres comparte su experiencia en el regreso a clases
Una fila se extiende por la cuadra para recibir mochilas y útiles gratuitos en un reparto en Sunset Park.

A principios de agosto recibí una carta de la escuela con la información de en qué clase estaría cada uno de mis hijos, junto con la lista de útiles escolares.

Al leer la carta recordé la primera vez que envié a mis hijos a la escuela en Estados Unidos: nuestro primer ciclo escolar en un país nuevo, entre personas desconocidas y sin saber inglés. No fue fácil, y quizá por eso quiero compartir mi experiencia con los lectores.

Recién mudados a Sunset Park, inscribí a los niños: el mayor a secundaria, el de en medio a primer grado de primaria y la menor a preescolar. Habíamos llegado a finales de octubre sin saber qué se necesitaba para la escuela, cómo se vestían los niños ni dónde comprar todo. Una amiga me recomendó Target; ahí compramos mochilas y otros útiles, marcando uno a uno los artículos de las listas que nos dieron en las escuelas, y el costo subía con cada palomita.

Al menos no tuve que comprar uniforme. En Rusia es obligatorio y no es barato. Pensé que aquí sería igual y me sorprendió saber que en las escuelas públicas basta con suéteres, playeras y jeans. De camino a la caja agarramos unos zapatos baratos.

“Mamá, todos los niños llevan recipientes con comida y yo no”, me dijo mi hija menor cuando le pregunté cómo le fue en su primer día. Las escuelas dan desayuno y comida, pero resultó que casi todos los demás niños llevan comida extra en recipientes. Ese mismo día volvimos a Atlantic Terminal para comprar recipientes, loncheras y botellas de agua. Todo se sentía carísimo.

Ese primer año fue difícil, sobre todo para los niños. No entendían a sus maestros ni a sus compañeros y no había otros niños que hablaran ruso en sus grupos. Cada tarde pasábamos horas con la tarea usando un traductor. Primero con el mayor y luego con los pequeños. Antes de dormir les leía libros sencillos en inglés. Los zapatos baratos se deshicieron rápido y aprendí por las malas: en Nueva York se camina mucho y no se puede escatimar en calzado.

Poco a poco empezaron a entender más, las tareas se hicieron más rápidas y mi hijo mayor pronto pudo con todo él solo. Yo también empecé a aprender inglés con ellos, y aprendí a elegir tenis por su calidad y a comprarlos con anticipación en rebajas.

Este año la preparación para la escuela se siente mucho más tranquila. Ya sabemos qué gastos esperar y qué es necesario. Aun así, los precios siguen subiendo, así que cuando descubrí en internet que en Sunset Park hay eventos de regreso a clases organizados por centros comunitarios, bibliotecas e iglesias, donde regalan mochilas, cuadernos, lápices y folders, decidí ir a varios.

El primero fue en el parque de Sunset Park, organizado por Apex for Youth, que apoya a niñas, niños y adolescentes principalmente de familias inmigrantes asiáticas.

Ese día hizo un calor extremo y la fila era larguísima. Antes de recibir la mochila y los útiles, los niños tenían que completar una tarjeta de sellos, juntándolos en distintas mesas atendidas por organizaciones locales como Genspace, The Fresh Air Fund, Mixteca y Voces Ciudadanas.

En cada mesa había juegos y actividades para niños, y habría sido un día maravilloso de no ser por el sol abrasador y las multitudes. A los 30 minutos mi hija de en medio empezó a sentirse mal. Solo alcanzamos a pasar por tres mesas antes de irnos, pero el equipo de Apex de todos modos nos entregó los útiles escolares.

Vivimos cerca del parque, así que llevé a mi hija a casa y pronto se sintió mejor. Más tarde, el médico dijo que fue un golpe de calor.

Esa fue nuestra primera experiencia en un evento así. A pesar de las dificultades, mis dos pequeños estaban felices con sus mochilas nuevas.

Aún me faltaban cosas para mi hijo mayor, y a los pocos días vi otro aviso: Anthem Community Service organizaría un reparto sobre la Quinta Avenida, entre las calles 53 y 54, con kits escolares, información sobre servicios médicos disponibles y chequeos básicos de salud.

Esta vez el clima fue más fresco, con una brisa ligera, así que fuimos en familia. Otra vez la fila se extendía por la cuadra y avanzaba despacio. Vi mamás y papás esperando con bebés y varios niños, y también familias sonrientes que se iban con mochilas nuevas. Fue conmovedor, pero después de 30 minutos mis hijos se cansaron y decidimos retirarnos.

Nosotros podremos cubrir lo que falte, pero para muchas familias estos eventos son un apoyo muy necesario y agradezco que existan. Solo desearía que los organizadores estuvieran mejor preparados para tanta gente. Demasiadas familias de Sunset Park realmente necesitan ayuda y me entristeció ver a tantos padres e hijos esperando horas bajo el sol por artículos básicos.

Cada ciclo escolar ha sido como un nuevo capítulo para nuestra familia. Al prepararnos para el que viene, enfrentaremos juntos cada reto. Las mochilas brillantes no son lo que importa. Lo más valioso de toda esta preparación es que nuestras hijas e hijos se sientan queridos e importantes.