La educación inclusiva ocupa un lugar central en la escuela PS 958 de Sunset Park

El mural de cinco pisos en la esquina de la Calle 36 y la Quinta Avenida, titulado “Indigenous Flow”, no solo honra a los antepasados indígenas de Brooklyn, sino que también rinde homenaje a los ancestros de comunidades indígenas de todo el mundo.
La obra fue encargada por el basquetbolista aborigen Patty Mills y el equipo Brooklyn Nets, y diseñada y pintada por el reconocido artista Victor “Marka27” Quiñonez. Que cubra toda una pared exterior de la escuela Antonia Pantoja de Sunset Park, mejor conocida como PS 958, es un testimonio del compromiso de la escuela con la diversidad y la inclusión, además de un recordatorio visual de su deseo de rendir homenaje al pasado y celebrar el presente. Pero lo que más distingue a esta escuela es que da la bienvenida a cada niño y niña, incluidos los que tienen discapacidades, en todas las aulas, en lugar de colocarlos en programas separados de “educación especial”.
La escuela, que ya tiene cuatro años de funcionamiento, abrió en 2022 con clases de preescolar y kínder. Desde entonces se han añadido más grados, con una matrícula que supera los 200 estudiantes, de preescolar a tercer grado, este otoño. Para el ciclo 2027–2028, la directora fundadora Emily Shapiro espera que el programa alcance su capacidad total con 300 estudiantes, desde el nivel preescolar hasta quinto grado.
“Otras escuelas tienen grandes poblaciones de estudiantes de educación especial y distintos programas especializados”, dijo Shapiro a The Sunset Post. “Pero creo que somos la única escuela diseñada explícitamente con la inclusión como enfoque principal”.
A diferencia de la mayoría de las escuelas que separan a los estudiantes de “educación especial” de los de educación general, la PS 958 integra en cada aula a niñas y niños con Planes Educativos Individualizados (IEP, por sus siglas en inglés). Una vez integrados, reciben servicios de apoyo adicionales como tecnología asistiva y sesiones individuales con terapeutas del habla, ocupacionales o físicos, de tiempo completo o parcial. También cuentan con trabajadores sociales y una enfermera que atienden las necesidades sociales, emocionales y médicas del alumnado.
Además, la escuela cuenta con un gimnasio sensorial (abierto a la comunidad de Sunset Park en horarios designados), un huerto donde los estudiantes aprenden a sembrar y cosechar, un patio de juegos al aire libre, una biblioteca bien surtida con libros y materiales de audio, y un salón de música.
Kate tiene gemelos de cuatro años en el programa de preescolar. Uno de sus hijos, cuenta, tiene un trastorno del procesamiento del lenguaje que le dificulta entender las instrucciones verbales. “En el primer preescolar al que asistió lo consideraban un problema de conducta porque se enojaba o frustraba y reaccionaba mal”, dice. “Aquí recibe terapia física y del habla dos veces por semana, le dan más tiempo para terminar las tareas y ya no lo consideran un niño problemático”.
También está contenta de que ambos hijos puedan asistir a la misma escuela, algo que al principio pensó que sería imposible. “Este lugar es increíble”, comenta. “Estoy muy feliz de haber inscrito a mis hijos aquí”.
La PS 958 es una “escuela de elección”, explica Shapiro, lo que significa que los padres o tutores deben seleccionarla como su primera opción en los formularios de inscripción. Tienen prioridad los residentes de Sunset Park, seguidos por los del Distrito 15 que elijan a la PS 958 como su programa de primaria preferido.
“Quería que mi hija viniera aquí”, dice Marta, una madre que dejaba a su hija en la entrada. “Quiero que aprenda que en el mundo real las personas tienen diferentes habilidades y distintas formas de aprender”.
Reconocer y celebrar esas diferencias es fundamental para la filosofía de la PS 958. La enseñanza en el aula utiliza un modelo llamado Diseño Universal para el Aprendizaje, creado por el Centro de Tecnología Especial Aplicada. Este modelo usa distintos formatos de enseñanza —leer, escuchar charlas o pódcasts, ver videos o estudiar infografías— para facilitar la retención de la información; más tarde, los estudiantes pueden demostrar lo aprendido escribiendo, hablando o creando arte. El modelo también fomenta la flexibilidad en la disposición de los asientos e integra tecnologías asistivas en las tareas escolares.
Además, se utiliza un método de enseñanza llamado AIMS —Adquisición, Servicios Integrados, Comunicación Significativa y Habilidades Sociales— con los estudiantes dentro del espectro autista para ayudarles a desarrollar y mejorar su lenguaje y sus habilidades de comunicación.
Shapiro elogia ambos métodos, pero dice que lo que más le entusiasma es la integración de estudiantes con discapacidades junto a sus compañeros sin discapacidades. Afirma que por eso, junto con varios colegas, redactó en 2019 una propuesta para establecer la escuela.
En ese momento, el canciller escolar Richard A. Carranza había lanzado el concurso Imagine NYC Schools, financiado mediante una alianza público-privada de 32 millones de dólares entre el Departamento de Educación, el Instituto XQ de Laurene Powell Jobs (con una aportación de 10 millones) y la Fundación Robin Hood (6 millones, incluidos 1 millón para desarrollo docente), para renovar 20 escuelas públicas existentes y crear 20 nuevas.
Aunque la pandemia de COVID-19 retrasó el concurso, no lo detuvo. Shapiro, quien había sido maestra de educación especial y directora en dos escuelas del Distrito 75 —el sistema de la ciudad que ofrece apoyo educativo altamente especializado a estudiantes con discapacidades significativas—, se alegró cuando su propuesta fue seleccionada.
El equipo se propuso diseñar un programa culturalmente sensible, académicamente riguroso y emocionalmente empático. Los valores de la escuela —respetar a los demás, dar la bienvenida a todos, priorizar la colaboración y los proyectos en equipo, promover la paz y fomentar los logros individuales y colectivos— se exhiben en todo el edificio. En los pasillos, carteles afirman el valor de cada persona y recuerdan a estudiantes y personal la importancia de llevar la amabilidad y la compasión a la escuela y a otras comunidades.
“Yo sola no puedo cambiar el mundo, pero puedo lanzar una piedra al agua que cree muchas ondas”, dice un cartel. A dónde lleguen esas ondas es algo incierto, pero está claro que los estudiantes de la PS 958 y sus familias están satisfechos con el aprendizaje que la escuela ofrece. De hecho, Shapiro comenta que un grupo de padres ha presentado una propuesta al Departamento de Educación para que abra una escuela secundaria en el vecindario, de modo que las lecciones aprendidas en Antonia Pantoja puedan continuar cuando sus hijos se gradúen.