Ayuda gratuita en el estudio de la biblioteca abre el micrófono a todo el mundo

Staff

Ayuda gratuita en el estudio de la biblioteca abre el micrófono a todo el mundo
Anthony Mitchell revisa un micrófono en el estudio de grabación de la Biblioteca de Sunset Park.

Los miércoles por la tarde, al bajar las escaleras al sótano de la Biblioteca de Sunset Park, una pesada puerta insonorizada conduce a un estudio de grabación compacto, equipado con un iMac, una interfaz de audio, monitores de estudio y un par de micrófonos listos sobre sus bases.

De 2:30 a 5:30 p. m. cada miércoles, el ingeniero de audio, productor y vecino de Sunset Park Anthony Mitchell ofrece ayuda personalizada en ese cuarto por orden de llegada. Las sesiones duran al menos 30 minutos, según cuántas personas se presenten, y están abiertas a cualquier persona con carnet de la biblioteca que quiera trabajar en música, pódcasts, narración oral o ideas que todavía son solo unas notas en el celular.

Equipos como un micrófono de condensador Rode NT1-A, una interfaz Apollo Twin, monitores de estudio Yamaha HS8 y un iMac con programas como Logic Pro y GarageBand esperan a quienes quieran explorar el mundo del audio. El cuarto también cuenta con una pantalla verde. El objetivo es ofrecer una introducción a equipos de calidad y al proceso de producción, y dar a las y los residentes del vecindario acceso a herramientas que de otro modo serían difíciles de costear.

El propio camino de Mitchell hacia el audio pasó por la industria musical de los años noventa. Antes de aprender ingeniería de sonido, trabajó en la parte empresarial, lo que incluía gestionar la carrera de su entonces esposa, Manuela “Ya Kid K” Kamosi, cantautora que fue la cara y la voz de Technotronic, el grupo conocido por éxitos como “Pump Up the Jam”.

Mitchell cuenta que empezó a enseñarse a sí mismo a grabar y producir alrededor de 2016, mientras trabajaba en un proyecto de memorias multimedia, cuando un amigo productor de muchos años dejó de trabajar por problemas de salud.

“Me obligó a aprender a producir, porque no quería quedarme cruzado de brazos, ¿sabes?”, dice Mitchell. Ese cambio gradual de la gestión a la producción, señala, fue donde descubrió cuánto le gustaba el lado técnico de la música, acumulando miles de horas en el estudio.

“Una vez que aprendí a producir discos y una vez que aprendí a mezclar discos, me fue gustando cada vez más y se convirtió en un amor, como un segundo amor”, dice Mitchell.

Aunque pasa mucho tiempo en su estudio casero o entrenando en el histórico gimnasio New Bed-Stuy Boxing Center, los miércoles en la biblioteca el enfoque está en ayudar a los vecinos a poner en marcha sus propios proyectos. Muchas personas llegan pensando que necesitan equipos costosos para empezar. Mitchell dedica buena parte del tiempo a desmontar esa idea.

Cuando le preguntamos qué haría falta para lanzar un pódcast del Sunset Post, sacó su celular. “La gente lleva estos dispositivos encima, pero simplemente no sabe el poder que tiene en el bolsillo”, explica Mitchell. “Sabes, se puede hacer mucho directamente desde el teléfono”.

Dice que la mayoría de las personas principiantes pueden aprender lo básico sobre grabación, técnica de micrófono y niveles practicando con un smartphone y una aplicación sencilla. A partir de ahí, pueden añadir equipos relativamente económicos, como un trípode pequeño para estabilizar el video, un micrófono de solapa que se conecte al teléfono o un micrófono USB que vaya directo a una computadora portátil.

Cuando la gente ya se siente más cómoda, aprovecha la sesión en el estudio para desmitificar los equipos avanzados. Sentado frente al iMac, muestra cómo la interfaz Apollo Twin conecta los micrófonos con la computadora, cómo viaja el sonido a una estación de trabajo de audio digital y cómo escucharlo de vuelta en los monitores de estudio. Quienes quieren ir más lejos pueden recibir una introducción suave a programas como Logic Pro, aprendiendo conceptos básicos como ganancia de entrada, cómo grabar una voz limpia y cómo exportar un archivo para llevarlo en una memoria.

Cuando las personas muestran un interés más profundo en aprender la parte técnica, Mitchell intenta encontrarse con ellas donde están. Una visitante reciente, una inmigrante egipcia, le dijo que quería entender la ingeniería de audio lo suficiente como para montar su propio equipo de grabación en casa. Mitchell se fijó en cuántas preguntas hacía y en lo atenta que estaba. “Ella va muy en serio”, comentó.

Acordaron seguir reuniéndose en el estudio de grabación de la biblioteca para clases individuales, siempre en el mismo espacio público y siempre sin costo. Para Mitchell, ese tipo de acompañamiento a largo plazo es otra manera de compartir sus conocimientos con sus vecinos.

“¿Por qué no compartir el amor al estilo de Brooklyn?”, dice con una sonrisa.

También ve el estudio como una respuesta a una pregunta más amplia sobre quién tiene acceso a herramientas que pueden amplificar sus voces. Los estudios profesionales son costosos, y hasta un equipo casero modesto puede quedar fuera de alcance cuando se suman micrófonos, interfaces y programas. Un cuarto de barrio con una puerta pesada, insonorizada y una hoja de inscripción funciona de otro modo.

Mitchell habla del estudio de la biblioteca primero como un recurso comunitario y después como un mini laboratorio para futuros productores. La meta no es convertir a cada visitante en ingeniero de tiempo completo. Es mostrar que el proceso no es un misterio, que un buen sonido está al alcance y que aprender lo básico es posible sin un gran presupuesto.

Cada miércoles, ese proceso empieza de la misma manera: alguien baja desde la Cuarta Avenida al sótano y tira con fuerza de la puerta pesada. Del otro lado hay un cuarto pequeño, un maestro paciente y la oportunidad de convertir una idea en algo que se pueda compartir con el mundo.