Calle 17 y Av. 4 con-nombradas en honor a pilar comunitaria de toda la vida

Charles Velasquez-Witosky

Calle 17 y Av. 4 con-nombradas en honor a pilar comunitaria de toda la vida
Melissa Anceravige, hija de Donna Maxil, junto a la concejal Alexa Avilés (izquierda) y el teniente de EMS del FDNY Anthony Almojera (derecha). Foto por Charles Velasquez-Witosky.

“Donna vivía en la calle 17. Si quería caminar hasta el comedor en la calle 9, le tomaba una hora llegar porque se encontraba con tanta gente que conocía y se detenía a conversar con ellos”. Esta frase, casi palabra por palabra, fue repetida por varios de los asistentes a la ceremonia que celebró el co-nombramiento de la calle 17 y la Av. 4 en honor a Donna Maxil.

La ceremonia, que tuvo lugar el sábado 22 de noviembre, contó con la presencia de la familia de Donna, amigos de toda la vida, políticos locales y líderes comunitarios. Todos lamentaron la pérdida de Donna, quien falleció en 2021, pero se mostraron felices de verla reconocida de forma permanente como parte de Park Slope.

A veces llamada “la alcaldesa de la calle 17”, “la alcaldesa de Park Slope” o incluso “la presidenta de Park Slope” por su familia y amigos, la Sra. Maxil contribuyó a su comunidad de innumerables formas.

Su contribución más significativa fue la creación del 17th Street Cancer Crusade, un evento de un día cada verano en el que se recaudaban miles de dólares para donar a la American Cancer Society. En la calle 17, entre la Av. 3 y la Av. 4, la Sra. Maxil, junto con su hija y cofundadora, Melissa Anceravige, organizaba una fiesta comunitaria en las aceras mientras mantenía la calle abierta para recibir donaciones de los conductores que pasaban.

La Sra. Maxil también aportó de manera significativa a la comunidad a través de su trabajo en la escuela P.S. 124, primero como paraprofesional y más tarde como coordinadora de padres, una de las primeras en la ciudad después de la creación del puesto en Nueva York en 2002. En este cargo, se convirtió en defensora de los padres, de sus hijos y de la escuela.

“P.S. 124 no tenía mucho dinero. Ella traía programas a la escuela que de otro modo no habrían tenido. Traía personas para enseñar a los padres a cocinar, trabajaba con los supermercados locales para obtener alimentos gratis y enviarlos a casa con los niños”, compartió la Sra. Anceravige, quien ahora trabaja como paraprofesional en P.S. 10, inspirada por su madre.

Christopher Maxil, el hijo de la Sra. Maxil, también siguió, en cierto modo, los pasos de su madre. La Sra. Maxil pasó muchos años como presidenta del consejo comunitario del Precinto 72, donde actuaba como enlace entre la policía y la comunidad. El Sr. Maxil recientemente se unió al NYPD.

“Ella quería asegurarse de que los niños del vecindario entendieran a la policía y que la policía entendiera a esos niños”, agregó la Sra. Anceravige.

Aunque estos logros y otros, incluido haber recibido el premio Brooklyn’s Extraordinary Women de la oficina de la Fiscalía de Distrito de Brooklyn, conforman un currículum impresionante, la Sra. Maxil es recordada sobre todo como una vecina generosa, amiga, madre y una de las últimas de un tipo de residente de Brooklyn que pasaba gran parte de su tiempo en el stoop con sus vecinos y amigos.

Patricia Butcher, quien conocía a la Sra. Maxil desde la década de 1970, habló sobre cómo solían “jugar en medio de la cuadra entre los autos, antes de que cambiaran la autopista, saltando la cuerda y jugando stickball”.

La Sra. Butcher también habló de una de sus amigas de toda la vida y de la Sra. Maxil, Thecla Mitchell, a quien llamaban “Tex”. Tex nació como triple amputada, pero la Sra. Maxil siempre se aseguraba de que nunca quedara fuera de ninguna aventura.

“Ibamos a conciertos de Frank Zappa y Donna contactaba al publicista de Zappa para asegurarse de que Tex pudiera entrar a los locales porque estaba en silla de ruedas. Esto fue antes de la ADA, y la gente nos decía, ‘No, no, ella no puede entrar aquí’, pero Donna respondía, ‘Sí, sí puede’”.

Pero sobre todo, la Sra. Butcher habló de cómo el vecindario parece haber perdido algo vital con la muerte de la Sra. Maxil. “Nada es igual ahora. Ya no hay camaradería. Antes organizábamos fiestas en la cuadra y todos conocían a todos en la calle, y cuando empezaron a llegar nuevos residentes, Donna trataba de incluirlos en la comunidad, pero estas nuevas personas no son iguales. Ya no salen de sus casas ni siquiera caminan por la cuadra”.

Sin embargo, para la celebración del co-nombramiento de la calle, que coincidió con el día del cumpleaños de la Sra. Maxil, se sintió de nuevo ese ambiente de fiesta comunitaria. Después de una solemne presentación de gaitas y de los discursos de líderes locales, un DJ puso música desde una tornamesa y todos los asistentes bailaron, conversaron y rieron bajo el recién revelado letrero de “Donna Maxil’s Way”, que, en palabras de la concejal Alexa Avilés, ojalá “inspire a las próximas generaciones a participar en su comunidad”.