Tragamonedas en la Octava Avenida generan preocupación por la seguridad

Para algunos inmigrantes chinos en Nueva York, el juego no solo es una manera de ganar un poco de dinero, sino también una oportunidad de socializar y tomarse un respiro del estrés de la vida diaria. A esto lo llaman “un poco de juego para alegrar el ánimo”.
La demanda ha hecho que salas de mahjong clandestinas y casas de apuestas ilegales se multipliquen silenciosamente tras bambalinas en la Octava Avenida.
Pero cuando las máquinas tragamonedas, gabinetes de estilo arcade que imprimen vales que los ganadores pueden canjear por efectivo, empezaron a aparecer en tiendas de la comunidad y restaurantes chinos, muchos residentes locales se dieron cuenta, temiendo que estos aparatos fueran una señal de actividades más peligrosas que ocurren fuera de la vista.
Lo que esconden los adhesivos
La señora Yan, residente de Sunset Park, dijo que cuando un restaurante chino local abrió hace unos años, el negocio iba bastante bien. Sin embargo, hace unos meses, después de regresar de un viaje al extranjero, lo visitó de nuevo y encontró que la puerta de vidrio y las ventanas del restaurante estaban cubiertas con adhesivos publicitarios.
Aunque no es raro ver calcomanías decorando un local, estas eran tan grandes y numerosas que bloqueaban por completo la vista hacia el interior.
Solo cuando entró y vio cuatro nuevas máquinas tragamonedas colocadas a lo largo de las paredes comprendió que los adhesivos estaban destinados a ocultar las actividades de juego ilegal dentro.
Desilusionada, pidió su comida de todas formas. Mientras comía, notó a varios jóvenes entrar con frecuencia desde la calle para jugar en las máquinas sin ordenar nada de comida. Los cocineros también salían de la cocina para mirar a los “clientes” jugar.
La experiencia dejó a la señora Yan intranquila y arruinó la buena impresión que tenía del restaurante. Cree que el local ha perdido a muchos de sus clientes habituales.
“Hoy en día, cuando ocasionalmente encargo comida para llevar y paso a recogerla, veo que no hay ni un solo cliente adentro, mientras hay gente sentada frente a las tragamonedas”, dijo la señora Yan.
En el pasado, muchos padres llevaban a sus hijos a comer allí, contó. Ahora, con las máquinas de juego, considera natural que ya no quieran volver al restaurante.
El verdadero peligro
En los últimos años ha habido varios casos en la Octava Avenida de salas de apuestas clandestinas asaltadas, lo que resultó en jugadores o transeúntes heridos o incluso muertos. Muchos vecinos creen que el juego atrae delitos más graves que ponen en riesgo a toda la comunidad.
Los residentes temen que las tragamonedas en las tiendas del vecindario envíen una señal a los delincuentes violentos de que podría haber operaciones más grandes con mucho dinero en efectivo escondidas en los sótanos, lo que invita a robos que ponen en riesgo a toda la comunidad.
“A esos negocios quiero darles un consejo: el tipo de tienda que abras debe corresponder con el negocio que hagas, y hacerlo de manera adecuada y abierta. No hay que ‘colgar la cabeza de una oveja y vender carne de perro’”, dijo con enojo la señora Yan, usando un dicho chino que significa engañar con falsas apariencias.
Dañando la imagen de la comunidad
Otro residente chino, que prefirió permanecer en el anonimato, dijo que después de la pandemia muchos comercios del vecindario instalaron de repente máquinas de juego. Notó que al menos dos lavanderías en la Octava Avenida tenían tragamonedas que los clientes usaban para pasar el tiempo mientras esperaban su ropa.
Las lavanderías eran frecuentadas no solo por chinos, sino también por personas de otros grupos étnicos. El hombre temía que esta escena transmitiera la idea de que “los chinos son un grupo al que le encanta apostar”.
Posteriormente, estas lavanderías retiraron las máquinas, algo que atribuye a la División de Calidad de Vida del NYPD por reforzar la vigilancia contra el juego ilegal.
“Obviamente los dueños de lavanderías no pueden mantener las puertas cerradas ni pegar grandes carteles para tapar las actividades de juego”, dijo. “Eso los haría parecer sospechosos. En lugar de meterse en problemas con la policía, es más importante volver al negocio legítimo”.
Según la ley de Nueva York, fuera de entornos autorizados como casinos con licencia u operaciones tribales, poseer u operar tragamonedas u otros “dispositivos de juego” es un delito. Promover el juego y poseer un dispositivo de este tipo son delitos menores de Clase A. Si se dicta condena, las sanciones máximas incluyen hasta 364 días de cárcel, de dos a tres años de libertad condicional y multas de hasta 1,000 dólares.