La gran y fotogénica rapaz escondida a plena vista

Nick Dawson

La gran y fotogénica rapaz escondida a plena vista
Una aguililla cola roja fotografiada en Sunset Park el 27 de julio de 2022. Foto por Nick Dawson

Ha tardado mucho en llegar, pero por fin la columna de este mes está dedicada a la aguililla cola roja. Parte de la inspiración surgió cuando vi en televisión un anuncio de automóvil en el que aparecía un águila calva, y la vocalización utilizada para representar a esta ave emblemática era, en realidad, ¡el chillido de una aguililla cola roja! De hecho, es muy posible que este sonido les resulte familiar. ¿Saben cuando en las películas y series de televisión aparece un desierto y se escucha el penetrante chillido de un ave rapaz para transmitir lo condenadamente desolado que está todo? Sí, lo que escuchan es una aguililla cola roja.

Pero eso es lo que pasa con esta ave: aparece por todas partes. Un amigo calcula que el 90 por ciento de las veces que alguien le escribe por mensaje de texto o correo electrónico para identificar un ave, la de la foto es una aguililla cola roja. Y hay un par de razones por las que ese porcentaje es tan alto. Primero, las aguilillas cola roja son muy grandes y suelen posarse tranquilamente en los árboles durante largos períodos, lo que permite a la gente fotografiarlas o grabarlas fácilmente con sus celulares. Y segundo, son extremadamente abundantes.

Mientras observo aves en Sunset Park, se me han acercado muchas personas que, al verme con mis binoculares, quieren hablar conmigo sobre las aguilillas cola roja: ya sea porque acaban de ver una o la vieron hace poco y están ansiosas por contármelo, o porque quieren saber si el ave que estoy mirando en ese preciso momento es, efectivamente, una aguililla cola roja. (Subtexto: “Si estás observando una hermosa aguililla cola roja, avísame cuanto antes. ¡Yo también quiero verla!”)

Si soy totalmente sincero, parte de mí quiere ser un poco esnob al respecto porque, para citar al sitio web eBird, la aguililla cola roja es la “rapaz más común al borde de las carreteras en gran parte de Norteamérica”. Me dan ganas de decirle a la gente que sí, las aguilillas cola roja son geniales, pero veo muchísimas. ¡Y muchas otras aves también son increíbles!

Pero esta es la realidad: nunca me canso de las aguilillas cola roja. Cuando una entra en mi campo de visión, le tomo una foto. O, más a menudo, UN MONTÓN de fotos. Casi como si se tratara de una especie de ave que nunca hubiera visto. Quiero decir, las aguilillas cola roja se sienten muy cómodas cerca de los humanos, así que son muy fotogénicas. Además, ¡estas aves rebosan personalidad!

En Sunset Park, sin ir más lejos, he fotografiado aguilillas cola roja devorando ratas y engullendo palomas. Las he captado sobre cercas y barandales, o posadas encima de aparatos de aire acondicionado, luminarias y estructuras de juegos infantiles. He documentado cómo los cenzontles norteños las atacan en picada y cómo juegan a perseguirse con una bandada de cuervos americanos. He fotografiado a una comiendo una presa mientras llevaba un trozo de papel higiénico enganchado en una de sus garras. Uno de mis encuentros recientes favoritos con una aguililla cola roja fue ver a un ejemplar juvenil posado sobre la cancha de handball, una grata presencia que volvía a encontrar mientras corría vuelta tras vuelta por la pista del parque.

Probablemente debería ponerme aunque sea un poquito científico y decir que se puede identificar a una aguililla cola roja por su cola roja – ausente, en realidad, en las aves inmaduras – por la franja oscura que cruza su vientre o por las franjas patagiales oscuras a lo largo del borde delantero de sus alas, más o menos como la parte superior de los hombros. Pero si están entre las muchas personas que las han visto rondando por Sunset Park, ya han podido observarlas de cerca y tienen su propia manera especial de reconocer a estas extraordinarias aves.