Reinitas, tángaras y asombro regresan al cielo

Este mes, me parece apropiado mantener las cosas muy simples. ¿La razón? Es mayo y la migración de primavera está en pleno apogeo, así que aquí les traigo una breve introducción a esta época mágica para quienes observan aves, para que puedan salir y aprovecharla al máximo.
Empecemos por lo básico: cada año hay dos periodos de migración masiva de aves canoras, uno en primavera y otro en otoño. En primavera, las aves que han pasado el invierno en los trópicos se dirigen al norte con los suaves vientos del sur, listas para emparejarse y reproducirse durante el verano en climas más frescos. En otoño, vemos a esas mismas aves regresar hacia el sur, junto con sus crías.
Tanto la migración de primavera como la de otoño son periodos de gran alegría para quienes observan aves, ya que la cantidad de especies aumenta de forma drástica, al igual que el volumen total de aves a nuestro alrededor. (Cuando los vientos soplan de la manera adecuada, a veces más de un millón de aves migratorias vuelan sobre Brooklyn en una sola noche). Estos periodos de migración de aves canoras son como Navidad, Eid, Holi y Rumspringa, todo junto. Hay una sensación de entusiasmo creciente, de abundancia, de asombro ante la belleza de la naturaleza, de inmensas posibilidades. Con tantas aves en movimiento, bien podrías detectar un ave rara entre las recién llegadas en tu lugar favorito para observar aves. O el suelo podría quedar cubierto por cientos de individuos de una misma especie, como puede suceder cuando una especie de reinita o gorrión se desplaza en masa durante una noche en particular.
Hay una verdad que debe reconocerse: la migración de primavera y la de otoño no son iguales. La de otoño dura meses y tiene un ritmo más pausado y relajado, mientras que la migración de primavera es más corta y más intensa. Hay una sensación de urgencia y una magia auténtica en la migración de primavera. ¡Estas aves tienen una misión! Lucen su espectacular plumaje reproductivo, de colores intensos y llamativos. Cantan, se exhiben y se pelean entre sí mientras se preparan para encontrar pareja y reproducirse con éxito, cumpliendo así con la necesidad biológica de asegurar la continuidad de su especie.
Como la ciudad de Nueva York se encuentra en la ruta migratoria del Atlántico, es un importante punto de parada para las aves canoras migratorias. Eso significa que llegan por millones a los cinco distritos para reabastecerse con voracidad antes de seguir hacia el norte, rumbo a sus zonas de reproducción. Para quien observa aves en Nueva York, despertarse una mañana de primavera en plena migración es entrar en un mundo lleno de canto de aves, donde los árboles rebosan de reinitas, tángaras, oropéndolas y vireos, donde los zorzales buscan lombrices, los papamoscas salen disparados desde sus perchas favoritas en busca de insectos sabrosos, los colibríes van y vienen a toda velocidad, y las golondrinas y los vencejos trazan arcos en el cielo. A primeras horas de la tarde, los halcones planean en las térmicas (columnas de aire cálido ascendente que les permiten conservar energía durante el vuelo), y al final de la tarde, los chotacabras empiezan a cruzar el cielo. Es una cornucopia, un festival, una celebración impulsada por el poderoso e irresistible deseo de crear vida y sobrevivir. Es todo un circo de vida aviar que se presenta todos los días en nuestro patio trasero, y del que toda persona que no observa aves ni se entera. Sin embargo, una vez que entras en la dimensión de la observación de aves y ves todas las maravillas que los demás se están perdiendo, un espectáculo extraordinario escondido a plena vista, ya no hay vuelta atrás.
Si algo de esto te suena atractivo, toma unos binoculares, descarga la aplicación Merlin (que es básicamente como Shazam para el canto de las aves) y ve a tu espacio verde más cercano. ¡El maravilloso mundo de la migración de primavera te espera!