La odisea de una familia inmigrante

Leonardo March

La odisea de una familia inmigrante
Agentes de ICE arrestan a un hombre durante operaciones migratorias reforzadas en Dallas, Texas. Foto proporcionada por U.S. Immigration and Customs Enforcement.

Nota del editor: Los nombres y algunos detalles de esta historia fueron cambiados para proteger a la familia mientras atraviesa el proceso en la corte de inmigración.

El 29 de mayo de 2014 fue la fecha en que Alma Pedraza y su esposo, Rafael, llegaron a la ciudad de Nueva York en un día de primavera más cálido de lo habitual.

Dos meses atrás, Alma y Rafael Pedraza salieron de su hogar con sus hijas de 3 y 8 años en un viaje que comenzó en Puebla, México, y que los llevó a intentar cruzar hacia Estados Unidos por McAllen, Texas.

Alma y las niñas lograron cruzar en su primer intento. Rafael fue detenido por la Patrulla Fronteriza en dos ocasiones, pero lo logró en su tercer intento. Tras reunirse con su familia en Houston, se trasladaron a Sunset Park.

En 2014, la Patrulla Fronteriza reportó 479,371 arrestos en la frontera suroeste. Esta cifra fue la más alta desde 2009, a pesar de una tendencia a la baja en los arrestos durante el primer año del segundo mandato de la administración Obama. Pero nada de esto estaba en la mente de los Pedraza.

Ellos solo querían encontrar atención adecuada para la epilepsia de su hija menor. En aquella época, las convulsiones promediaban cinco por semana. Por esto dejaron México.

“Nosotros ya habíamos agotado todos los recursos que teníamos para atenderla”, compartió Alma por teléfono. “Cada vez que la atendíamos con neurólogo, gastábamos de ocho mil a diez mil pesos [aproximadamente entre $350 y $700], entonces ya no podíamos más.”

Doce años después, ya en Sunset Park, con dos hijos más y rodeados de la familia de Alma, la saga migratoria de los Pedraza continúa.

El 19 de noviembre de 2025, Rafael Pedraza fue arrestado camino a su trabajo por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en Sunset Park. Posteriormente fue trasladado al Centro de Procesamiento North Lake en Baldwin, Michigan, donde permanece detenido desde entonces.

Un día que cambió todo

La noche del 18 de noviembre fue larga para Alma Pedraza. Su madre se había lastimado la pierna y la rodilla tras una caída ese mismo día. A pesar del dolor, no quería ir al hospital.

Después de que Rafael llegó del trabajo y la familia cenó, fueron a ver a la madre de Alma, solo para encontrarla llorando de dolor.

“Suegra”, le dijo, “vámonos, yo la llevo cargando”. Alma se quedó con ella toda la noche y Rafael regresó a casa.

Alma y su madre regresaron a casa a las 4:30 de la mañana. En ese momento, Rafael se despertó para preguntar cómo había ido todo, pero volvió a dormirse para aprovechar unos minutos más antes de levantarse para ir a trabajar.

Usualmente, Alma preparaba el desayuno para Rafael, pero ese día no. Estaba cansada por la larga noche, y Rafael se preparó algo él mismo. A las 6 a.m., le pidió que cerrara la puerta detrás de él. Rafael salió a trabajar, como de costumbre.

“Entonces ya de ahí ya no supe nada de él”, compartió Alma. Hasta unas horas después.

Una hora más tarde, ella ya estaba despierta ayudando a los niños a prepararse para la escuela. No había ningún mensaje de Rafael en su teléfono, lo cual era inusual. Pero, cansada como estaba, no le dio mucha importancia. Tras un rato, le texteó que se quedaría en casa. Aun así, no hubo respuesta de él.

“Y él siempre, siempre me escribe”, compartió Alma. “‘Ya llegué a la estación, voy a esperarlo’, o me dice: ‘Ya voy en el tren, ya llegué a mi trabajo’. Siempre, para todo.”

A las 9 a.m., recibió un texto de Rafael que cambiaría todo: “Mi amor, me agarró migración.”

Tras el arresto, Rafael pasó dos semanas en el Centro de Detención de Elizabeth, en Nueva Jersey, y luego fue trasladado al Centro de Procesamiento North Lake en Baldwin, Michigan, donde permanece desde entonces.

Cuatro meses después del día que cambió todo para la familia Pedraza, Rafael y Alma están en comunicación casi todos los días. Rafael ha compartido relatos de abuso dentro del centro de detención.

“En ese lugar, los tratan muy mal”, contó Alma. “Les dan comida ya dañada. No les dan agua limpia. Tienen que estar tomando agua del baño.”

Pero más allá de la pérdida de peso y las señales de falta de sueño, Rafael está principalmente preocupado por su familia.

“Está preocupado, más que nada, le preocupan sus hijos”, agregó Alma.

Los que se quedan

Alma compartió que la inestabilidad causada por el arresto de su esposo y su ausencia prolongada ha tenido un impacto en el bienestar emocional de sus cuatro hijos.

“Los niños ahorita están mal, la verdad”, dijo Alma. “Ya están con la psicóloga, pero mi hija, la que tiene catorce años y epilepsia, es la que está más mal.”

Aunque las convulsiones se mantienen bajo control, la experiencia ha dejado a los niños con miedo de ser arrestados, ansiosos y con problemas para dormir y comer.

Aun así, mantienen sus rutinas mientras tratan de manejar la situación. La hija mayor continúa yendo al trabajo, todos continúan en la escuela, y el menor tuvo su primer juego de basquetbol recientemente.

En medio de todo queda Alma, manejando las deudas que se acumulan, a la espera de que las autoridades de inmigración den noticias del caso de Rafael.

“Yo estoy bien, dentro de todo”, dijo Alma. “Tengo que ser fuerte.”